¿Consciencia artificial? Todavía no – Columna de Gustavo Estrada – Columnistas – Opinión

2 semanas ago noticiasarauca 0


Consciencia es el conocimiento inmediato y espontáneo que el sujeto tiene tanto de sí mismo como de sus actos, sus reflexiones y sus alrededores. ¿Habrá ‘pronto’, digamos que antes de mitad del siglo XXI, máquinas inteligentes (estas ya existen) y simultáneamente conscientes? Muchos expertos piensan que sí.

¿Logrará la ciencia desarrollar e integrar una combinación de programas (‘software’), computadores (‘hardware’), información (datos) y funciones deseadas (especificaciones) que se comporte como una entidad ‘sensata’ y autónoma? Más específicamente, creará la ciencia robots conscientes? La ciencia ficción los ha imaginado y llevado al cine desde tiempo atrás, pero ¿de ahí a convertirlos en realidad? Falta aún mucho camino.

En forma más concreta, ¿habrá robots conscientes autónomos en el futuro cercano? Sin unanimidad y con desacuerdos de muchos optimistas, la respuesta es negativa. Sí, por supuesto, abundan los robots especializados, con funciones puntuales. Y sí, en verdad, existen robots aparentemente inteligentes… pero los autómatas ‘conscientes’ están tan lejanos que cualquier predicción de fechas es arriesgada y tendría más de intención profética que de proyección científica.

Según la revista ‘The Economist’, “el entusiasmo con la inteligencia artificial y con su más importante bebé, el aprendizaje de las máquinas (‘machine learning’), se está estancando. Aunque sus técnicas son poderosas, también tienen limitaciones y pueden llegar a ser problemáticas.

“Como caso de la vida real, el desarrollo ‘completo’ de los vehículos ‘autónomos’ (léase los autos que se manejan por sí solos, sin necesidad de chofer) está retrasado y es posible que nunca se materialice”. La consciencia es un fenómeno, aún no comprendido por la ciencia, que los seres humanos desarrollamos y sentimos de la forma más natural.

En un intento de definición, podemos decir que consciencia es el estado mental (ocurre en el cerebro, por supuesto) que nos permite percatarnos tanto de lo que pasa ‘acá adentro’ —sensaciones, emociones, deseos y pensamientos— como de lo que sucede ‘allá afuera’, con base en lo que nos transmiten los sentidos.

La consciencia nos permite saber que existimos como una entidad diferente de las demás. Los seres humanos sabemos exactamente lo que es la consciencia porque la sentimos y ella nos lo ‘dice’; usted, lector, sabe que tiene consciencia, así como que ella se manifiesta en su vida y le ‘asigna’ una individualidad.

Porque reconozco y siento ‘mi’ individualidad, este columnista no logra todavía imaginarse una máquina consciente, diseñada por un ser humano… Y, muchísimo menos, una máquina consciente, diseñada por otra máquina.

Dada la complejidad de la consciencia, su modelaje y su reproducción son retos descomunales pues carecemos de formulaciones lógicas o matemáticas para simularla o reproducirla. Sí es claro que tal modelo, cuando lográramos tan siquiera bosquejarlo, sería de complejidad y tamaño descomunales. Ray Kurzweil, inventor y futurólogo estadounidense , y uno de los investigadores más optimistas en el ‘diseño de consciencias’, proyecta que los humanos estaremos construyendo robots conscientes en la década de los treinta y que para el 2046 las máquinas nos habrán superado en todas las actividades mentales.

Este columnista no piensa que lleguemos tan lejos… O, al menos, no tan pronto. La desaceleración actual en los desarrollos en inteligencia artificial que reporta ‘The Economist’ hace aún más improbable la materialización a corto plazo de tan fantástico desarrollo.

Entre las capacidades impresionantes actuales de la tecnología existen ya proyectos que buscan representar, o al menos simular, entidades conscientes. Por supuesto, tales proyectos exigirán desarrollos tecnocientíficos y recursos de computación que, con base en donde estamos hoy, constituyen un reto descomunal para la inteligencia artificial.

¿Cómo así? Pues, aunque suene extrañísimo, las capacidades de la tecnología de información, cuyos logros nos asombran todos los días, podrían estarse ‘topeando’ y, consecuentemente, desacelerándose en su crecimiento.

No hay duda de que la frenada de estas tecnologías —más exactamente el alcance de un punto o un estado del que no puede subir o mejorar más allá de lo que está ocurriendo— va a hacer fallar, sin duda alguna, los pronósticos de Ray Kurzweil. La ‘consciencia artificial’, exceptuando las películas de ficción, todavía está demasiado, demasiado lejos.

GUSTAVO ESTRADA
Autor de ‘Hacia el Buda desde Occidente’ y ‘Armonía interior’
En Twitter: @gustrada1