Que no se llenen las UCI – Editorial de EL TIEMPO – Editorial – Opinión

2 semanas ago noticiasarauca 0


La pandemia de covid-19 tomó a la mayoría de los países con sistemas sanitarios e infraestructuras hospitalarias deficientes. Entre estas, la carencia de unidades de cuidados intensivos (UCI) es la más relevante en razón de las exigencias asistenciales creadas por esta situación.

De hecho, las UCI –por su concepción y complejidad– no tienen capacidad ilimitada, y frente al coronavirus no es solo la tasa de demanda, sino que, al excederse, provoca también muertes por otras causas como infartos, accidentes, enfermedades cerebrales y complicaciones que no pueden ser atendidas de manera adecuada.

De ahí que, para compensar esta situación, se ha echado mano de elementos sobre la marcha, como compras a precios exagerados en un mercado escaso, la insistencia en las medidas de prevención y, por supuesto, la aplicación de una cuarentena general y obligatoria en la nación.

Al respecto, hay que reconocer que el país ha hecho un esfuerzo significativo para ampliar dichas capacidades. Hace 4 meses, Colombia disponía de 5.346 camas de UCI. Ese número hoy se aproxima a 7.000, sin contar la compra de más de 4.000 ventiladores, lo que significa un aumento equivalente a los pronósticos de demanda que se han calculados desde diferentes instancias técnicas.

Aquí hay que destacar la gestión de algunos departamentos que, por su propia cuenta, se apresuraron a ampliar sus capacidades. Entre estos se encuentra el Valle del Cauca, que adquirió 300 ventiladores; Cundinamarca, que consiguió 152, Antioquia, otros 130, y Córdoba, que amplió su red con 107.

En esta coyuntura urge tener claro que la emergencia sanitaria exige el esfuerzo colectivo. En ese contexto, y en plena fase de aceleración de la pandemia, no sobra el balance que deja ver que de las 6.944 camas de UCI que a la fecha hay en el país, el 46 por ciento está disponible, y este recurso hay que manejarlo con mucho rigor, bajo la premisa ineludible de que el objetivo es que no se llene.

Y se deben recoger las enseñanzas que ha dejado esta crisis y empezar por entender que la pandemia, por su amenaza global, exige respuestas institucionales, en lo posible unánimes, sobre argumentos informados, que si bien deben respetar el pluralismo, también tienen que modular el debate ideológico, ante el deber de actuar de manera convincente y compartida, pensando en el bienestar de todos.

Es imperativo buscar un equilibrio entre la lentificación de la propagación del covid-19 y la mitigación de las enfermedades mentales

En el mismo sentido, hay que reconocer que la cuarentena masiva fue la medida efectiva para desacelerar la propagación del virus, lo cual se logró, al tenor de las cifras. Pero concentrarse obsesivamente en esta medida para la prevención de los contagios pone en riesgo otras dimensiones de la salud y el bienestar.

Es imperativo buscar un equilibrio entre la lentificación de la propagación del covid-19 y la mitigación de las enfermedades mentales, el cuidado de las patologías crónicas y la reducción de afectaciones derivadas del impacto económico en las familias, como la violencia, la delincuencia o la desnutrición.

En síntesis, es hora de que las medidas para enfrentar esta situación, entre ellas el déficit de UCI, se tomen de manera armónica y conjunta entre todos los niveles del Estado.

EDITORIAL
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