Reapertura temprana convierte a la capital de Brasil en zona de riesgo por pandemia

4 semanas ago noticiasarauca 0



Cuando una mujer de 80 años se desmayó el miércoles 8 de julio del 2020 en las calles de uno de los suburbios más pobres y populosos de la capital de Brasil, fue llevada al hospital y conectada a un ventilador y luego sus vecinos comentaron el incidente a los medios locales.

Ella no era un caso cualquiera de un sospechoso de covid-19.

María Aparecida Ferreira es la abuela de la primera dama Michelle Bolsonaro, quien se crió en Ceilandia, un vasto sector suburbano que se ha transformado en nuevo frente de contagios de coronavirus en Brasilia.

La moderna capital fue la primera gran ciudad de Brasil en adoptar medidas de distanciamiento social para frenar el avance de la pandemia en marzo y estaba sorteando la crisis relativamente bien, hasta que el levantamiento de las normas de cuarentena desató la epidemia, dijeron expertos de salud.

Entre la voluminosa lista de pacientes de alto perfil en la capital está el propio presidente Jair Bolsonaro, quien el martes anunció que había arrojado positivo de la pruebas del coronavirus después de presentar fiebre.

Bajo la presión de Bolsonaro, alcaldes y gobernadores en todo Brasil están relajando las órdenes de aislamiento, aunque las infecciones confirmadas en la nación sudamericana se acercan a 1,8 millones, con casi 70 000 muertes, el peor fenómeno pandémico en el mundo después de Estados Unidos.

Brasilia es un caso de estudio ante los riesgos de la reapertura. La capital ahora tiene más infecciones per cápita que cualquier otra urbe importante del país, con 2 133 contagiados por cada 100 000 personas. La cifra supera en más del doble a Sao Paulo o Río de Janeiro, de acuerdo a estadísticas del Ministerio de Salud.

Parte de la situación puede deberse a que se están haciendo más pruebas en Brasilia, que tiene el mayor nivel de ingresos per cápita de la nación. Pero expertos dicen que la reciente explosión de casos claramente fue provocada por una reapertura prematura.

Los gimnasios y los salones de belleza reabrieron el martes. Los bares y restaurantes reanudarán sus servicios la próxima semana, según un decreto emitido por el gobernador del distrito federal, Ibaneis Rocha.

“Esta medida condenará a muerte a miles de habitantes de Brasilia”, dijo el experto en salud pública Rubens Bias, un miembro del consejo sanitario de la ciudad.

En vista de que las muertes se aceleran y las redes hospitalarias están cerca de colapsar por falta de espacio en las unidades de cuidados intensivos, Brasilia debería estar en cuarentena, dijo Bias, quien responsabilizó al gobernador por ceder a la presión de Bolsonaro para que se reabriera la actividad por razones económicas.

El presidente ha dicho que el impacto económico de los confinamientos es peor que los riesgos de salud que conlleva la propia enfermedad.

El miércoles 8 de julio, un juez suspendió el decreto de reapertura de Brasilia y la ciudad apeló al fallo. El gobernador declaró entonces un confinamiento de todas las actividades no esenciales en Ceilandia y Sol Nascente, un vecino barrio pobre que también ha presentado una brote descontrolado de covid-19. El despacho del gobernador declinó emitir comentarios.

Pero la agencia de desarrollo de la ciudad dijo que el Distrito Federal ha hecho más pruebas en proporción al número de habitantes que Estados Unidos, Suiza o Austria.

Un infierno

Brasilia, con tres millones de habitantes, es la tercera ciudad más grande de Brasil y reportó su primer caso de coronavirus el 5 de marzo: una mujer de 52 años que había regresado de un viaje por Reino Unido y Suiza.

En los dos meses después de registrar la primera muerte, el 24 de marzo, la cifra de fallecidos de Brasilia ascendió lentamente a 100. Pero un mes después de que los centros comerciales reabrieran, el 27 de mayo, los casos confirmados y las muertes se aceleraron hasta quintuplicarse.

El lunes, la cifra de fallecidos sobrepasó los 726 y la ciudad reportó un récord de 2 529 contagios adicionales en 24 horas.

“Es un caos, un infierno. Los casos no paran de aumentar”, dijo una enfermera que trabaja en la unidad de emergencia del principal hospital de Ceilandia, agotada por los turnos de 12 horas que debe realizar.

La enfermera, que pidió no ser identificada por temor a represalias de funcionarios del gobierno local, dijo que el hospital no tenía suficiente personal médico ni ambulancias para llevar a los pacientes críticos hasta las pocas camas disponibles en la unidad de cuidados intensivos.

La pandemia se trasladó desde los sectores acaudalados en Brasilia a los suburbios pobres, donde los trabajadores pasan una hora en un transporte público abarrotado para llegar a sus trabajos, dijo Bias, del consejo sanitario.

“Realmente es trágico. El número de casos ha aumentado mucho en los últimos días”, dijo Cilede Nogueira, una residente de Sol Nascente.

Nogueira, quien trabaja como empleada de limpieza en el centro de Brasilia, dijo que en su vecindario los bares estaban atestados de personas que no llevaban mascarillas y que sus vecinos estaban haciendo fiestas los fines de semana.

Afirmó que los bancos estaban aglomerados con personas que intentan cobrar subsidios de emergencia para completar sus ingresos, que se hundieron por la pandemia.

“Hay intereses económicos y electorales relacionados más con la necesidad de hacer dinero que con el objetivo de salvar vidas”, dijo Bias.