Columna de Armando Silva sobre el arte urbano de la pospandemia – Columnistas – Opinión

1 mes ago noticiasarauca 0


Además de testigo crítico de la sociedad, el arte también puede dar esperanzas. Los miedos ciudadanos al salir vienen dando lugar a ciertas manifestaciones creativas que no pueden verse desconectadas del dolor y la amargura del encierro. El arte a cielo abierto empieza a multiplicarse y a verse como una galería urbana que responde a sueños ciudadanos, guardados por obligación.

Brasil, uno de los países más golpeados por la pandemia, desarrolla en São Paulo, entre las ciudades más creativas en sus calles (junto con Bogotá y Nueva York), una inmensa exposición de grandes murales: ‘Nalata’. Su curador, Luan Cardozo, supo capturar el momento y con 15 artistas pintaron sobre edificios 12 gigantescos murales que sumados dan nada menos que 3.690 m²; figuras esperanzadoras, como lo pude ver en fotos hechas por drones (que tuvo su curador la gentileza de mandarme), coloridos abstractos, memorias de momentos superados. Los ciudadanos lo aplauden como un festival democrático, sin riesgos de contagio, y ahora andan en plenos tour en los que, tras el arte, disfrutan su ciudad, con parada especial en el barrio Madalena, donde hace 20 año apareció quizá el primer grafiti de arte urbano, un Batman poderoso con capa abierta en plena acción dispuesto a salvar la urbe de la maldad. En Trinidade (Goitania), Fabio Gomes se luce con collage-grafiti dando rostros de mujeres negras a árboles que asomaban de los muros de casas, lo que mereció que Viola Davis, la artista afroamericana ganadora del Óscar, lo propagara por Hollywood. En la Universidad de Chicago aprobaron un inmenso mural a El Seed, artista francés que practica caligrafiti con escritura árabe, recordando sus orígenes, llena el espacio de musicalidad, pues no se entienden tales palabras, pero sí el ritmo y su deseo de poner a árabes y franceses en posible cordialidad.

Acá en Bogotá, al contrario, nos abrieron la ciudad con manifestaciones, varias con destrucción de la ciudad y ahora movilizaciones indígenas y de maestros, pero junto a sus causas no debiera perderse de vista que Bogotá misma sufre y no puede imponérsele solo ver a sufrientes nacionales gritándola, pues como todo duelo necesita tiempo propio para reponerse. Darle aliento a la capital no es superficial, sino saber leer el momento. Estamos perdiendo la oportunidad de mostrar y compartir belleza y sueños e incluso disparates, luego de una larga noche de 9 meses.

Armando Silva
ciudadesimaginadas@gmail.com